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La Primera Fiesta del Yamor

Diferentes criterios, acerca de cómo terminar nuestra estadía en Otavalo, a fin de reiniciar los estu­dios en Quito. Al fin, coincidimos en que debía ser algo fuera de lo común, algo que llame la atención y que involucre a la mayoría del pueblo otavaleño. De ahí nace la idea de realizar un doble festejo, uno destinado para el sector más acomodado y el otro de características populares. El mejor local para el primero, era el Club "24 de Mayo", y para el festejo popular, qué mejor lugar, que la pista de patinaje existente en lo alto de la piscina "Neptuno", la que además contaba con un chozón, bastante aparente para que sirva de bar.


Oswaldo Acosta Dávila

Tengo la casi total certeza de que la década del cuarenta llegaba a su fin, las vacacio­nes "grandes" del año 1949. trans­currían monótonamente en la ciu­dad cuna de muchos jóvenes que estudiábamos en la Capital y entre idas y retornos de "Las Lagartijas" o de nuestra tan querida piscina "Neptuno". Discutíamos, entre los entrañables amigos: Jorge León, quien por su edad y seriedad lideraba el grupo; Luis Vivero, Oswaldo Rivadeneira, Femando Pareja, Pe­pe y Jaime Saona, Marcelo Moreano, Fabián Suárez, Jacinto y Yamil Ariss, Jorge Acosta, Juan Moreano, los hermanos Miguel "abuelo". Jor­ge y Antonio Rosanía y quien les relata esta historia (pudiera ser que se me escape algún nombre), qué hacer en el último mes de vacaciones, septiembre.

Diferentes criterios, acerca de cómo terminar nuestra estadía en Otavalo, a fin de reiniciar los estu­dios en Quito. Al fin, coincidimos en que debía ser algo fuera de lo común, algo que llame la atención y que involucre a la mayoría del pueblo otavaleño. De ahí nace la idea de realizar un doble festejo, uno destinado para el sector más acomodado y el otro de características populares. El mejor local para el primero, era el Club "24 de Mayo", y para el festejo popular, qué mejor lugar, que la pista de patinaje existente en lo alto de la piscina "Neptuno", la que además contaba con un chozón, bastante aparente para que sirva de bar.

Así fue madurando la idea, que más de una vez, se volvía irrealiza­ble, sobre todo por los altos costos que significaba armar dos fiestas a día seguido, puesto que la primera tenía que ser un sábado por la no­che y al otro día, por la tarde, un festejo "a todo dar" en un lindo am­biente. Además, como el pensa­miento era salir de lo común, había que contratar dos orquestas, para que actúen alternativamente, tanto en el baile de la víspera como en el del día domingo, una de ellas, ne­cesariamente debía ser de Quito, para mayor atractivo. Así fue como por medio de Jorge León, que ha­bía tenido que viajar a Quito, me­diante conferencias telefónicas, que en aquel tiempo se hacían des­de la central telefónica, situada en la Casa Municipal, se logró contra­tar a la Orquesta "Gran Casino" de gran éxito en la Capital: la contra­parte local, no podía ser otra que la prestigiosa "Rumba Habana" de la ciudad de Cotacachi.

Ahora bien, había que elegir la fecha de realización, que por una­nimidad se resolvió que sea el sá­bado y domingo, más próximos al 8 de septiembre, que en Otavalo se acostumbraba festejar muy anima­damente el día de la "Niña María", siendo muy tradicional los paseos hacia el barrio de Monserrat. Ade­más, en toda esta temporada, se acostumbraba consumir los "platos típicos" acompañantes imprescin­dibles de la chicha Yamor, que con especial calidad la elaboraba la Sra. Transito Guerra, en su casa de la esquina de las calles "Atahualpa" y "Colón", muy concurrida por todos cuantos gustaban de la sabrosa fri­tada, cuero con mote, morcillas, tortillas y empanadas, todo ello con una "buena jarra" de Yamor.

Con el objeto de acondicionar el ambiente del Club "24 de Mayo", se le solicitó al Dr. José Nabor Ro­sero, Vicario de la Iglesia de San Luis, una tarima, que nos parecía que quedaba "de maravilla" en el salón grande, para que ahí actúe la orquesta de Quito, mientras la "Rumba Habana" amenizaría des­de el hall central de dicho local, si­tuado en el piso alto del almacén de Don Alfredo Ariss.

Igualmente, a fin de darle un me­jor aspecto a la cancha de patinaje y en por si acaso nos "cogiera la noche", se logró que el Dr. Luis En­rique Cisneros. Presidente del Con­cejo Municipal, de ese entonces, dispusiera a los maestros Figueroa y Bolaños, que colocaran unas lám­paras luminosas en las palmeras existentes en el centro de lo que se­ría la pista de baile. Y ahora, falta­ba un detalle muy importante, ¿có­mo denominar el festejo? El que esta nota escribe, sugirió: ¡La Fies­ta del Yamor! y así se llamó, man­dando de inmediato a imprimir unas grandes tiras de papel, que simplemente decían "Fiesta del Ya­mor" y las fechas, las mismas que se las pegaba en las aceras.

Un detalle que lo recuerdo muy vivamente es, que se mandó a ela­borar un barril de Yamor, donde nuestra inolvidable "Mama Michita", del mismo que apenas se ven­dieron unos pocos vasos en la no­che del baile. Al otro día, muy por la mañana lo trasladamos al cho­zón de la piscina, en la camioneta de los hermanos Ariss y con la ayuda de Jorge Acosta. Allí, a pe­sar de la poca concurrencia de esa primera ocasión, que prefirió colo­carse en la línea férrea, se vendió la casi totalidad de la bebida que dio nombre a la fiesta más grande de Otavalo.

Para terminar este relato, recuer­do que posteriormente, en una o dos oportunidades, la fiesta en si­milar forma, fue organizada por los estudiantes Guillermo Moreano, Pedro Pinto y Gabriel Garcés M., que editaban la Revista "Ñuca Huasi", y a quienes ayudé en la pri­mera de ellas. Luego, en el año de 1953, el mismo grupo realizó la "Fiesta del Yamor", en el Colegio Otavalo, siendo allí cuando se eli­gió a la primera Reina del Yamor, María Rosanía Dávila, que pasó a la historia como Maruja I.



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