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El Yamor Cronología

Yamor, anual júbilo de reencuen­tro con la tierra, con el fruto que do­nan sus mieses. Todo se toma en el Yamor acariciante, porque es como si el paisaje y nuestro propio cora­zón, se identificaran en abrazo telú­rico, en beso de madre a hijo, de agua a cauce, de viento a nube.


Marcelo Valdospinos Rubio

Una definición amorosa:

Yamor, anual júbilo de reencuen­tro con la tierra, con el fruto que do­nan sus mieses. Todo se toma en el Yamor acariciante, porque es como si el paisaje y nuestro propio cora­zón, se identificaran en abrazo telú­rico, en beso de madre a hijo, de agua a cauce, de viento a nube.

El Yamor representa la identidad cultural de un pueblo, que vivió y vive enamorado de su monte, de su lago, de sus suaves hondonadas y de sus riscos parameros. Los euca­liptos, las moras y los maizales cu­bren las lomas suaves y redondas del paisaje campestre. El Yamor es siembra, es cosecha, es laboriosi­dad, pero sobre todo es existencia.

Cronología:

Varios Cronistas de Indias, Garcilazo de la Vega (1500), Poma de Ayala (1584), Bernabé Cobo (1636) nos hablan del "Yamor toctoy" o "Yamor aca", como una bebida pre­parada por las Acllaconas para el Sapa Inca y su Corte. La chicha ser­vía para festejos y curaciones. En los relatos históricos no se encuen­tra una fiesta indígena específica en homenaje al Yamor.

El Barrio Monserrat tradicional­mente festejaba a la Virgen de Monserrat a la Niña Maria (Patrona de Otavalo desde 1863), en la que entre otros platos típicos se ofrecía el Yamor.

En 1946, el Club "Crack" (1943) formado por estudiantes universitarios otavaleños, a través de su órga­no periodístico. Alborada (1946). decide impulsar la construcción de la cancha de patinaje y el chozón en la piscina El Neptuno. En este año celebran su fiesta de aniversario. coronando a su Reina Sara Ariss en este lugar, y revalorizan la prepara­ción del plato y chicha yamor. Se encarga de esta labor a Dña. Miche Pinto. Grupo dirigido por Jorge León, Femando Pareja, Jaime Saona, Oswaldo Rivadeneira.

En 1949. un grupo de estudiantes que disfrutaban de sus vacaciones en Otavalo. integrado entre otros por Oswaldo Acosta Dávila, Jorge Acosta C., Marcelo Moreano, Fa­bián Suárez, utilizan por primera vez la frase "Fiesta del Yamor" para identificar dos actos sociales. Un baile en el Club 24 de Mayo y otro en la Piscina El Neptuno.

En 1953. quienes forman la Re­vista Ñuca Huasi, Guillermo Mo­reano, Pedro Pinto y Gabriel Garcés, le dan forma a la Fiesta del Ya­mor. La prestigian. Le dan catego­ría. Y en el mismo 24 de Mayo y en la Piscina El Neptuno se sitúa la fiesta. Y se elige la primera Reina, a la Srta. Maruja Rosanía (Maruja I).

En 1955, toma la posta en organi­zar la Fiesta del Yamor, la Asocia­ción de Otavaleños "31 de Octubre", residentes en Quito, siempre asisti­dos por los jóvenes de Ñuca Huasi.

En 1962, le había tocado en turno la organización del Yamor al Comi­té Femenino, bajo la presidencia de Dña. Susana Mancheno de Pinto, en la que se hicieron importantes cam­bios. Especialmente hay que resal­tar la apertura democrática, pues se convocó a los dirigentes barriales para que apoyen la elección popular de la futura soberana del Yamor.

En 1967, el grupo que hizo el Quincenario "Síntesis", liderado por Efrén Andrade y Vicente La­rrea, democratizan la fiesta. El Ya­mor se toma las calles. Se plantea una política intercultural. El Comité Ejecutivo se estructura en magnas Asambleas de representantes insti­tucionales y barrios de Otavalo. La Dirección Ejecutiva se vuelve una especie de conscripción cívica al servicio de Otavalo.

En 1971. Se le debe a Vicente Larrea -Presidente del Concejo- el apoyo decidido de la Municipalidad a la celebración del Yamor. Antes de Vi­cente, los Cabildos fueron cicateros con los Comités Ejecutivos.

El rito anual:

La sementera, ayer no más ver­de, florecida y murmurante, ahora está agotada por el sol veraniego. El viento ya no pasa cantando por entre los surcos, ahora gime año­rante de la alta caña. El viento es amigo de la sementera. Por eso en septiembre el viento camina taci­turno, en espera de una nueva cita con el lomerío verdeante de largas hojas y amarillos penachos de pe­lusa. Aquí estamos, como hace centurias, reunidos al rescoldo de la fogata, frente al Imbabura, siem­pre vigilante, siempre camarada, de estas nuevas generaciones, por­que allí hemos descubierto nuestro destino comunitario.

El Yamor representa la identidad cultural de un pueblo, que vivió y vive enamorado de su monte, de su lago, de sus suaves hondonadas y de sus riscos parameros. Los eucaliptos, las moras y los maizales cubren las lomas suaves y redondas del paisaje campestre.



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